jueves, 16 de junio de 2011

en el norti

Ahora que hubo un lunes libre, aprovechamos para irnos desde el viernes a Estocolmo. Yo no sabía què esperar porque nunca había ido ni oído de esos países nórdicos que para mi son como todos iguales (la ignorante y unos cuates) y además aquí entre nos, siempre confundo Suiza con Suecia, no en localización, si no en nombres.

Pues nos lanzamos y llegando a la estación central de Estocolmo, decidimos mejor irnos caminando al hotel, que estaba a sólo 2 kilómetros. Era ya de noche y a mí se me hizo de entrada una ciudad muy guapa, si se le puede decir así a una ciudad. Osea que como con encanto, personalidad y coquetona...guapa pues. En el camino pasamos por el centro y, como era viernes, las calles estaban llenas de gente que iba a antros, bares y restaurantes porque además el clima estaba super bonito.

Cinco cosas noté de los suecos y no suizos:
1. Las mujeres sin importar si sean gordas o flacas, usan faldas o shorts cortos cortísimos.
2. Las mujeres tienen bastante celulitis desde MUY temprana edad pero les vale y se ponen sus shorts cortitos.
3. Todas usan tacones de por lo menos 10 cm, a pesar de que la ciudad está llena de bajadas y subidas pronunciadas y empedradas.
4. La inmensa mayoría tienen tatuajes, pero se ven muy en onda.
5. La gente es BASTANTE más ruidosa que en alemania. Hasta me espanté porque ya me había desacostumbrado al ruido.

El sábado temprano, después de un desayuno de campeones, nos fuimos a conocer la parte vieja de Estocolmo, que está en una de las 14 islas de las que está formada la ciudad (chiquiislas que se recorren fácil caminando). Vimos el museo Nobel (as in Nobel price) porque de ahí era el señor don Nobel y pues tiene su museo.

En la misma isla está el royal palace y nos tocó el cambio de guardia, que después de un rato nos aburrió porque de todas formas no veíamos casi nada gracias a todos los turistas a los que también se les ocurrió ir a Estocolmo.

Al ladito está la catedral, pero como somos unos turistas muy marros, no quisimos pagar los 5 euros que costaba la entrada...al fin todas las iglesias viejas europeas se ven casi igual.

Entonces nos fuimos al lugar donde se hace el banquete del Premio Nobel y teníamos toda la intención de subirnos a la torre para ver Estocolmo desde las alturas, pero ya estaba sold out y nos fuimos cabizbajos a un restaurante típico a comer albóndigas con puré de papa y bayas, que humillaban a las del IKEA.

Nos subimos también al Skyview, que es una cabina en forma de esfera que te sube por afuera del Ericsson Globe (un lugar para conciertos y así) a 130 metros de altura. Era como un invernadero porque es todo de vidrio, pegaba justo todo el sol y nos chillaba la rata, pero la vista estaba bonita.

En la noche fuimos al Icebar, donde todo está hecho de hielo y se está a -5 grados mientras tomas un trago coqueto con vodka. Fué el hit porque se me hizo super original, aunque vaya contra mis ideologías ambientalistas, porque se necesita mucha energía para mantener esa temperatura todo el año todo el día.

Al otro día nos subimos a un barquito que nos llevaba a la isla de los museos. Entramos al Museo del Vasa. El Vasa fué un barco que en el 1628 salió de Estocolmo pero estaba mal constriudo y con la primer ventizca (como a 500 metros de la orilla) que se ladea y que se le mete toda el agua y se hunde. Se calcula que entre 30 y 50 personas murieron en ese bastante ridículo accidente. El caso es que a finales de los años 50, un científico se puso a buscarlo y que lo encuentra. El rey mismo se interesó por el rescate del barco y después de muchas excavaciones con trajes de buzo de antaño para desenterrarlo (estaba hasta la mitad cubierto de lodo marino) Lo lograron levantar completito sin que se tronara. De ahí empezó la tarea de limpiar cada parte del barco y de colocar en su lugar cada pieza suelta. Como el agua de mar de la región no es muy salada, la madera del barco aguantó y total que después de 333 años en el fondo del mar, ahí está enterito. 95% en piezas originales y el otro 5% nuevo.

Los esqueletos que encontraron adentro, de la gente que no pudo escapar, los estudiaron cuidadosamente y con ese estudio de los puros huesos, se pudo determinar cómo eran los músculos de la cara, qué padecimientos tenían las personas, altura, edad y con eso hiceron modelos como de cera de cómo se veían las personas que se hundieron. Luego con los restos de la ropa que traían, determinaron cómo iban vestidos, cuál era su posición social y labor en el barco. Me quedé con el ojo cuadrado.

Además los pobres marineros no tenían ni un triste camarotito. Se echaban a dormir en cualquier rincón y en la parte de afuera del barco había dos cubos, como botes de basura, que eran hoyos al mar, que eran sus letrinas. Decía ahí que era un poco peligroso hacer las necesidades de uno cuando había mal clima, que es justo cuando dan más ganas hacer las necesidades de uno. Y ni pensar en tener privacidad o ponerse a leer tranquilamente una revistita...Definitivamente ser marinero no era la profesión más bella.

Luego fuimos a un museo al aire libre donde hay edificios viejos de distintas èpocas y regiones del país donde unos guìas disfrazados de la época te van explicando si quieres còmo era todo entonces y así. También había animales de la región, como osos, alces, focas, cabras, jabalíes, etc. y muchas familias de gansos domingueando.
El último día nos la pasamos en el parque de diversiones que está al lado del mar y que existe desde 1883. Es chiquito y de precios inflados, pero estuvo divertido. Nos subimos a todas las montañas rusas y a lo que valía la pena, que es precisamente lo que no data de 1883.Así fué y estuvo padre.