martes 28 de junio de 2011

tap tara tap

Resulta que siempre me había llamado la atención el tap pero nunca me había metido a una clase. Busqué por todo düsseldorf una clase para principiantes y encontré una escuela super padre que parece de película de baile, porque es una bodegota con muchos salones grandes con piso de duela y bailarines caminando por los pasillos. Iba a haber una semana de tap, llena de shows y workshops especiales dados por bailarines internacionalmente conocidos. Pues me metí al único curso que era para principiantes, de dos días solamente. Pregunté si tenía que comprar zapatos de tap para ese pequenio cursillo y me aseguraron que unos zapatos de suela de piel bastarían. Pues cuando llegué TODOS tenían zapatos de tap y NADIE era principiante tan principiante como yo. El grupo de como 40 personas estaba formado por puros seniores y senioras, yo creo que yo era la única persona en sus veintes y había otra chavita de 19 anios.

El maestro fu Travis Knights, un morenazo de fuego canadiense que formaba parte del grupo de baile de los Tap Dogs y que fue el bailarín que usaron para hacer la película de Happy feet. Bailaba INCREIBLE además de ser bien cool y smpático, creo que no pude tener mejor primer clase de tap en la vida.

Tenía nervios primero porque era la única principiante real sin zapatos de tap, y porque hubo partes en que me corrigió pasos frente a todos y yo tenía que bailarlos frente a todos. Pero, qué diablos! los demás eran igual de malos que yo y tenían el doble de mi edad, así que no había razón para sentirse humillada. Además de que el maestro tenía unos ojasos tapatíos que te hacían pensar "hoolartssss enfermerooo", sígueme corrigiendo!

Hacía un calor bestial porque no había ventilación, pero fue una super experiencia. Tristemente no pude ir al otro día porque mi dolor de oído me lo impidió, pero ahora buscaré otro curso y compraré zapatos de tap, porque definitivamtente con zapatos normales no tiene chiste, además de que me dolió la espalda por zapatear tan fuerte intentando inutilmente oir mis pasos.